Reconocer que nuestro perro está experimentando estrés o depresión puede ser más difícil de lo que parece. A diferencia de los humanos, los perros no pueden verbalizar sus emociones, por lo que expresan su malestar psicológico a través de cambios sutiles en su comportamiento y lenguaje corporal. Identificar estas señales a tiempo es crucial para intervenir antes de que el problema se agrave y afecte significativamente su calidad de vida.
Señales de estrés agudo vs. depresión crónica
El estrés y la depresión canina se manifiestan de formas distintas. El estrés suele presentarse con comportamientos más activos y evidentes, mientras la depresión tiende a mostrar patrones de retraimiento y apatía. Sin embargo, en muchos casos se solapan, ya que el estrés crónico puede derivar en depresión.
Señales físicas de estrés
Jadeo excesivo sin causa aparente (sin calor o ejercicio reciente)
Temblor corporal cuando no hay frío ni excitación
Bostezo frecuente fuera de contextos de cansancio
Lenguaje corporal rígido, con movimientos lentos y calculados
Pupilas dilatadas y mirada fija o evitando el contacto visual
Salivación aumentada sin presencia de comida
Comportamientos indicativos de estrés
Lamido excesivo de patas u otras partes del cuerpo
Rascado compulsivo sin causa dermatológica aparente
Comportamientos destructivos cuando se queda sola
Hipervigilancia - reacciona exageradamente a sonidos menores
Pérdida del apetito o comer de forma ansiosa y rápida
Intentos de escape o esconderse en lugares inusuales
Señales de depresión canina
La depresión en perros se caracteriza por una notable disminución en su engagement con el entorno y las actividades que antes disfrutaba:
Cambios en los patrones de sueño
Dormir en exceso, incluso durante horas que normalmente estaría activo
Letargo y falta de energía durante los paseos y juegos
Cambio en los lugares de descanso, buscando aislamiento
Pérdida de interés
Desinterés por juguetes favoritos o actividades que antes le entusiasmaban
Falta de entusiasmo cuando llegas a casa o por salir a pasear
Evita interacción social con miembros de la familia u otros animales
No responde a su nombre o a órdenes que normalmente conoce
Cambios en hábitos alimenticios
Pérdida de apetito significativa y prolongada
Pérdida de peso sin causa médica aparente
Beber menos agua de lo normal
Causas comunes de estrés y depresión
Identificar la causa subyacente es esencial para abordar el problema efectivamente:
Cambios en el entorno
Mudanzas o reorganización significativa del hogar
Llegada de un nuevo miembro a la familia (bebé, pareja, otra mascota)
Pérdida de un compañero (humano o animal)
Cambios en la rutina familiar (horarios de trabajo, ausencias prolongadas)
Experiencias traumáticas
Accidentes o procedimientos médicos dolorosos
Exposición a eventos atemorizantes (tormentas eléctricas, fuegos artificiales)
Maltrato o abandono previo (especialmente en perros rescatados)
Problemas de salud
Dolor crónico no diagnosticado (artritis, problemas dentales)
Condiciones médicas que afectan el estado de ánimo
Efectos secundarios de medicamentos
Cuándo buscar ayuda profesional
Consulta con tu veterinario si observas:
Síntomas que persisten por más de dos semanas
Pérdida de peso significativa o deshidratación
Comportamiento autodestructivo (lamido excesivo que causa heridas)
Agresividad repentina o comportamientos peligrosos
Negativa completa a comer o beber por más de 24 horas
Estrategias para ayudar a tu perro
Para el estrés
Establece rutinas predecibles para alimentación, paseos y juegos
Crea un espacio seguro donde pueda retirarse cuando se sienta abrumado
Usa feromonas apaciguantes en difusor o spray
Practica ejercicios de olfato que son naturalmente relajantes
Considera música relajante específica para perros durante tus ausencias
Para la depresión
Incrementa el ejercicio físico gradualmente, adaptado a su energía actual
Introduce nuevos juguetes interactivos que estimulen su mente
Refuerza los vínculos positivos con sesiones de caricias y masajes
Organiza encuentros controlados con perros equilibrados y amigables
Premia cualquier muestra de interés por actividades, por mínima que sea
Prevención y mantenimiento del bienestar emocional
La salud mental canina requiere atención constante, no solo cuando aparecen problemas:
Socialización continua a lo largo de toda su vida
Ejercicio mental diario mediante entrenamiento y juegos de inteligencia
Tiempo de calidad consistente, incluso en periodos ocupados
Revisiones veterinarias regulares para detectar problemas físicos subyacentes
Transiciones graduales ante cualquier cambio importante en el hogar
Reconocer y atender las señales de estrés y depresión en tu perro es una expresión profunda de tu compromiso con su bienestar. Con paciencia, observación y las estrategias adecuadas, puedes ayudar a tu compañero a recuperar su equilibrio emocional y disfrutar plenamente de la vida a tu lado.
El lenguaje invisible: Las "Señales de Calma" que ignoramos
Muchos dueños esperan a ver a su perro temblando para saber que tiene miedo. Sin embargo, los perros tienen un "idioma de los susurros" que usan mucho antes de colapsar. Como experta, te invito a fijarte en estos tres micro-gestos que suelen indicar que tu perro está incómodo o estresado en una situación:
El "Relamido" (Lip Licking): Si tu perro saca la punta de la lengua y se lame el hocico rápidamente (y no hay comida delante), es una señal clásica de ansiedad. Lo hacen mucho cuando les abrazan o les regañan.
El bostezo fuera de contexto: Si tu perro bosteza en la sala de espera del veterinario o durante una sesión de entrenamiento, no es que tenga sueño ni que se aburra. El bostezo libera tensión física. Es su forma de decir: "Esta situación me supera, necesito relajarme".
El "Ojo de Ballena" (Whale Eye): Cuando un perro gira la cabeza pero mantiene los ojos fijos en algo, mostrando mucho la parte blanca del ojo (esclerótica), está en alerta máxima y muy tenso. Dale espacio inmediatamente.
Cuando la manía es enfermedad: Las Estereotipias
A veces, el estrés crónico o el aburrimiento extremo hacen que el cerebro del perro "patine" y desarrolle conductas repetitivas obsesivas (TOC).
Si ves a tu perro perseguirse la cola compulsivamente, cazar moscas imaginarias o lamerse una pata siempre en el mismo sitio hasta hacerse herida (granuloma acral), no te rías ni le regañes. No lo hace por gusto. Es una válvula de escape para una ansiedad severa o dolor físico. Necesita ayuda veterinaria urgente.
Preguntas frecuentes sobre la salud mental canina
La depresión y el estrés en perros son reales y tratables. Aquí resuelvo las dudas más comunes:
¿Cómo distingo si está deprimido o si está enfermo físicamente?
Es la pregunta del millón, porque los síntomas son idénticos: apatía, falta de apetito y dormir mucho.
La regla de oro: Asume siempre primero que es físico. Un perro con dolor de muelas, artritis o fiebre parecerá deprimido. Antes de llamar al educador canino o cambiar su rutina, ve al veterinario para una analítica completa. Solo cuando se descarte el dolor físico podremos hablar de depresión psicológica.
¿Los perros pueden tomar antidepresivos?
Sí, existen fármacos ansiolíticos y antidepresivos para perros (como la fluoxetina o el clomipramina), pero nunca debes medicar por tu cuenta. Estos medicamentos son una "muleta" que ayuda a equilibrar la química cerebral para que la terapia de modificación de conducta funcione. La pastilla sola no cura; la pastilla más el cambio de vida y el entrenamiento, sí.
Mi perro se sacude como si estuviera mojado, pero está seco.
¡Muy buena observación! Eso se llama "sacudida de liberación de estrés" (Shake off). Los perros lo hacen literalmente para "sacudirse" la tensión después de un momento intenso (tras un encuentro tenso con otro perro, tras un abrazo que no querían, etc.). Es una señal muy sana de que el perro está gestionando su estrés y volviendo a la calma.
¿Qué hago si mi perro está deprimido por la muerte de otro perro o familiar?
El duelo canino existe. Mantén sus rutinas (los perros necesitan previsibilidad) pero añade novedades: nuevas rutas de paseo, juguetes nuevos o aprender trucos nuevos. El ejercicio físico genera endorfinas (hormonas de la felicidad). No intentes consolarlo con abrazos constantes si no los pide, ya que podrías reforzar su estado de apatía. Invítale a jugar y moverse.